domingo, octubre 10

1

Las palpitaciones irrumpieron
en mi cuerpo sereno hasta entonces;
a ellas o por ellas se pegaron lágrimas
que me humedecieron
conmocionando aún mas mi cuerpo, ya tembloroso
que se preguntaba qué sucedía

¿Era, efectivamente, el correlato de un pensamiento?
No.
Era una orden.
El filósofo alemán estaba equivocado: el cuerpo es lo infinito
y en el comienzo fue él, conteniendo toda la posteridad;
El pensamiento insular volvió a salirse con la suya:
“Me pongo triste porque lloro y no lloro porque estoy triste”
debería ser la sentencia inicial de cualquier filosofía

Fui otra vez el cuerpo el que me dije qué hacer.

viernes, enero 1

epistemología de la noche

cuando en el final de la noche
los resultados se iluminan
la lógica mercantil del levante
revela la ingenuidad
de nuestro intento de contracultura:
sólo hay dos bandos
el de los que ganan
el de los que pierden
la tercera posibilidad es ficción
y ni si quiera para los mejores detallistas
manifiesta un relieve que la diferencie del segundo clan

solías decirme tiempo atrás:
“el tercero excluído puede incluirse”
y creyéndote lúcido
al final de esa frase
sonreías

pero estabas equivocado
estabas equivocada
la lógica es férrea y aplastante
y lo más angustiante:
no es a priori
pero igual de inmodificable.

la noche me encontró radiante
pero mi genética utópica
volvió a arrojarme
-en el amanecer-
hacia el país en el que nadie nunca quiere estar
porque nadie nunca
-y esto sí es a priori-
desea la verdad que esta región te clava:
la noche, a pesar de sus intermitencias, es eterna.

viernes, octubre 23

erizo

soy un erizo más
que cuando me acerco,
te pincho
pero cuando me alejo,
te necesito.

martes, octubre 20

ontonomía

dos éxtasis:
el pre-linguístico desear animalezco
metáfora de la irrigación sanguínea
el post-lingüístico intuir una verdad
metáfora de lo místico

un solo descubrimiento:
se es dos
o nada.

martes, julio 7

ni hilismo

Descreo del amor. No puedo volver a hablar su discurso. No quiero. El amor, a mí, me destrozó -como a todos-. Yo quise aprender y adopté esta postura: espectar. Puedo ver el discurso amoroso en otras voces; lo advierto, lo clasifico, finalmente me burlo. Pero no tiene cabida en lo que yo digo. Sin embargo, quiero lazos más intensos. Quiero construir con alguien o alguienes, por qué no, un imaginario simbólico que me exceda, al que no pueda acercarme en mi individualidad, al que el sentido se lo otorgue el sostenimiento colectivo, su carácter compartido. En definitiva, quizás, lo que extraño es aquello que formaba con mi grupo de amigos: una función clara en un lugar, un pasado en común, una comunidad.

SUFRIMIENTO. ¿Por qué sufro? ¿qué cosas sufro? No sé si sufro, la verdad es que soy bastante moderado. Hace poco sufrí por la humanidad, en uno de mis últimos gestos propiamente humanos: mamá me contaba las mierdas de mi tío, muestras pornográficas de la legalidad intrínseca a este sistema en particular; al hombre, quizás, en general: lo único que importa es poseer. Voluntad de acumulación. Ese día lloré, sentí que todo eso me avasallaba. A su vez me pregunté en qué medida soy diferente y por qué no, en qué medida puedo ser diferente ("si se puede ser diferente"). Yo creo que conservo algo de pureza pre-capitalista, por más ingenuo que suene. También creo que si hay una razón que justifique ilustrarse -estudiar- es esa: investigar modos de escape a la lógica del dominio. Entender estructuras de funcionamiento para ver de qué modo se puede boicotearlas.

Hoy pensaba -hace más tiempo, en realidad- en mi inevitable -a pesar de todo lo que vine diciendo- nihilismo. Estoy transido por la nada. Se lo relaté a S y a D: el primero lo definió como adolescencia tardía, y se identificó; el segundo, mucho menos sutil, relató su propia neurosis, indiferente a la mía. Mi vida, les dije, es una película de cine independiente yanki: noches de intoxicación extrema, movimiento del cuerpo, contactos efímeros con otros, aturdimiento, adrenalina, fugacidad. La lectura entre líneas: nada. No hay sentido, llenalo con alcohol. No hay sentido, saltá, bailá, gritá. No hays entido, quedate hasta el final de la fiesta, a pesar de que no haya fuertes razones: ¿qué fuertes razones hay para irse?

Que no haya sentido no es esencialmente malo: es lo real. El problema es contactarse tan desnudamente con lo real. Casi que estoy en estado de naturaleza: como todo se funda en la nada, y yo no puedo olvidarlo, aferrarme fuertemente a algo siempre termina resultándome, sino ridículo, insensato. Entonces, distancia: de la política, de la familia, del sexo, del fanatismo, la devoción, en definitiva, de la pasión.

No termino de saber cuál es el verdadero problema porque:

a) si todo se asienta en nada, yo puedo inventar lo que sea -el sentido que sea- y dedicar mi vida a mejorar las herramientas para sostenerlo, sofisticar al máximo el sostén de ese sentido -y el sentido mismo- que sea cual fuere, no podrá ser completamente deslegitimidado porque, insisto, cualquier intento en ese rumbo es otro baño estético de la nada.
Entonces, ¿por qué no hacerlo? ¿por qué preferir transitar la nada desnuda, por qué hacer conciente la nada inconciente constantemente, por qué utilizar ese mecanismo como método de defensa, en definitiva, contra aquellos que están absolutamente convencidos de algo y por ello militan? ¿Qué goce morboso vivencio en desmontar lo construido, por más pésimo que esté, y entregarme a lo real en su propia condición?

b) si decido no aferrarme a algo por su constitución perecedera, entonces tomo eso como valor negativo. Es decir: asumo una dissconformidad con lo real mismo, ya que me paro y digo: "No, ¿para qué esto si esto no puede permanecer, si esto se va a acabar?". Contrafácticamente: si esto no fuera así -efímero-, yo sería de otro modo -comprometido-. Valorar negativamente lo efímero no es otra cosa que ideología burguesa, en definitiva: sólo arriesgarse por lo duradero -material-, sólo luchar por poseer. De hecho, todo lo que critico es esa pretensión, tan común por cierto, de pretender convertir todo lo humano en algo perpetuo: se me ocurre ahora ejemplificar con el amor. Que dure toda la vida, "hasta que la muerte nos separe". La cantidad de artimañanas para sostener eso: el matrimonio, la ley civil. Siempre subyace el mismo principio: poseer. Como sólo pueden poseerse los objetos, convirtamos el amor en uno, sellemosló en un documento, quedémonos tranquilos porque es nuestro. Entonces, algo esencialmente efímero -recordemos que esto es todo en el ámbito de los sentidos- se convierte en un problema por no ser susceptible de posesión. ¿Qué hacemos? Lo materizalizamos, lo hacemos objeto y lo sumamos a nuestro patrimonio.

Pero entonces, si eso es lo que critico, ¿qué me aleja de la entrega a ciertos sentidos que a veces me resultan tentadores? Quizás sea el miedo a olvidarme de su perennidad, de convencerme de su entidad metafísica y con ello, terminar creando artimañas en su defensa -por miedo a su desaparición, su inevitable destino-, lo que sólo engendra neurosis, y a veces, muerte.

jueves, marzo 12

en noviembre tu fuiste mía

Estoy bastante en desacuerdo con escribir mucho sobre sexo, o por lo menos, con que sea el tópico central de un relato con pretenciones de ficción. Obviamente, no es un resguardo moral el que provoca mi rechazo ni tampoco el desinterés: simplemente creo que hay que dejar descansar el tema por un tiempo.

En flagrante contradicción con esto, el martes escribí un cuento con el sexo como tema principal. El cuento, sin embargo, sigue siendo un signo de preguntas y por eso no lo publico. Lo que voy a publicar ahora es una porción de diario íntimo que escribí en Noviembre, que no recordaba y me encontré de casualidad en una PC que no es mía y a la que hacía mucho no accedía.

El texto me resultó ridículo, gracioso y, a pesar de la cercanía temporal, muy lejano a lo que hoy pienso-soy-mepasa. Creo que por esas tres razones es que lo pego a continuación:



"Ayer M me miró y estoy seguro, me deseó. Y ayer también apareció otra vez F. De repente y sin anestesia me propuso encontrarnos en Victoria, cuál tiempos en que nos creíamos enamorados. Todo me hace pensar que estoy en esas etapas de mí en las que no puedo no ser deseado por quién alguna vez me deseó. Creo que todo es consecuencia de mi desexualización, mejor dicho, de no preocuparme por tal cosa. Yo estoy casi convencido que muchas veces quiénes me cruzaban percibían mi libido enloquecida y eso los asustaba. Y sin embargo estos últimos días he estado dirigiéndome a lugares con propósitos sublimados: literarios, cognoscitivos, festivos, musicales, culinarios. Y he aquí que, mientras intento desarrollar y comprometerme con dichos propósitos llevándolos al acto, ellos demuestran encarnadamente su desvío, su no transformación de la libido, su dar riendas sueltas a la animalidad. Se muestran deseosos de mí. Y yo me recargo automáticamente de ganas, me teletransporto a mis edades puramente hormonales."

lunes, marzo 2

sin escalas

de los fríos a los cálidos,
del blog al escritorio,
de Catulo a Popper.


los cambios drásticos no son necesariamente interesantes.