Estoy bastante en desacuerdo con escribir mucho sobre sexo, o por lo menos, con que sea el tópico central de un relato con pretenciones de ficción. Obviamente, no es un resguardo moral el que provoca mi rechazo ni tampoco el desinterés: simplemente creo que hay que dejar descansar el tema por un tiempo.
En flagrante contradicción con esto, el martes escribí un cuento con el sexo como tema principal. El cuento, sin embargo, sigue siendo un signo de preguntas y por eso no lo publico. Lo que voy a publicar ahora es una porción de diario íntimo que escribí en Noviembre, que no recordaba y me encontré de casualidad en una PC que no es mía y a la que hacía mucho no accedía.
El texto me resultó ridículo, gracioso y, a pesar de la cercanía temporal, muy lejano a lo que hoy pienso-soy-mepasa. Creo que por esas tres razones es que lo pego a continuación:
"Ayer M me miró y estoy seguro, me deseó. Y ayer también apareció otra vez F. De repente y sin anestesia me propuso encontrarnos en Victoria, cuál tiempos en que nos creíamos enamorados. Todo me hace pensar que estoy en esas etapas de mí en las que no puedo no ser deseado por quién alguna vez me deseó. Creo que todo es consecuencia de mi desexualización, mejor dicho, de no preocuparme por tal cosa. Yo estoy casi convencido que muchas veces quiénes me cruzaban percibían mi libido enloquecida y eso los asustaba. Y sin embargo estos últimos días he estado dirigiéndome a lugares con propósitos sublimados: literarios, cognoscitivos, festivos, musicales, culinarios. Y he aquí que, mientras intento desarrollar y comprometerme con dichos propósitos llevándolos al acto, ellos demuestran encarnadamente su desvío, su no transformación de la libido, su dar riendas sueltas a la animalidad. Se muestran deseosos de mí. Y yo me recargo automáticamente de ganas, me teletransporto a mis edades puramente hormonales."
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Hace 3 días.