domingo, octubre 10

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Las palpitaciones irrumpieron
en mi cuerpo sereno hasta entonces;
a ellas o por ellas se pegaron lágrimas
que me humedecieron
conmocionando aún mas mi cuerpo, ya tembloroso
que se preguntaba qué sucedía

¿Era, efectivamente, el correlato de un pensamiento?
No.
Era una orden.
El filósofo alemán estaba equivocado: el cuerpo es lo infinito
y en el comienzo fue él, conteniendo toda la posteridad;
El pensamiento insular volvió a salirse con la suya:
“Me pongo triste porque lloro y no lloro porque estoy triste”
debería ser la sentencia inicial de cualquier filosofía

Fui otra vez el cuerpo el que me dije qué hacer.