viernes, enero 23

desear

Mi escasa disciplina se hizo notoria en esta desaparición exagerada, luego de mi manifiesto inicial y mis elegantes intenciones de escribir y nada más.

Nada de explicaciones: verano.

Una reflexión -sin pretenciones de novedad- sobre la semántica del deseo y las formas de legislarlo en plena peatonal costense, de madrugada: ¿por qué sólo un dato extra, que no modificaba en nada la situación visual que te estaba estimulando y el juego al que estabas accediendo, hace que cambies tus "elogiosas" adulaciones por insultos desmedidos?
Esa pregunta va dirigida a ese grupo de adolescentes hormonales con quienes tuvimos el (dis)placer de caminar a la par unas cuatro cuadras. Ellos venían persiguiendo a un grupo de tres personas: dos chicas y un chico. Había un director de orquesta que inventaba cantitos, los dictaba en voz alta y ante una orden tácita hacía que el resto los tarareara en una armonía pre-establecida y siempre igual. Entre canto y canto, gritos desmesurados. Calentura. Pedían que una de las chicas de adelante, que había accedido a su juego antes de que nosotros comencemos a presenciar la situación, se levantara la pollera y les mostrara su virtuoso culo*. Alta fue nuestra sorpresa cuando notamos que, de tanto en tanto, ella accedía al petitorio y con sus manos subía su diminuto retazo de jean y dejaba verse. Usaba tanga. En esos breves instantes, los infantes se olvidaban de canciones y frases hechas y sólo podían gritar y gemir, saltar, correr. Perros en celo. Alguno que otro se retobaba con el chico que las acompañaba y le gritaban "Puto, como podés ser tan puto con eso al lado..." y cosas similares. Australopitecus. Sin embargo, hubo un momento en que los caminantes de adelante y los de atrás se acercaron demasiado -la fiesta era incipiente-, por lo que la jugadora se dio vuelta y arrojó el as de espadas: "¿Están calientes chicos?". En esa primer frase, algunos notaron un desfasaje entre la voz que imaginaban y la que efectivamente fue. Cuando ella volvió a repetir la frase, ya todos fueron conscientes de que era un travesti. Fin de fiesta. Los adolescentes comenzaron a hacer gestos de arcadas y boludeces por el estilo. Nunca les creí. Querían que todos los testigos -ellos mismos inclusive- sepan que su heterosexualidad no se veía cuestionada; que eran bien machos, que pensaban que era una mujer hecha y derecha y que en el mismo instante en que descubrieron que no era el caso, ese ardiente deseo se convirtió en asco: ese culo que tanto los excitó pasó a ser objeto de rechazo. Hubo un par más sensato que siguió persiguiéndolas. La mayoría, dobló en la misma cuadra que doblamos nosotros -la siguiente- y no paró de decir frases reivindicatorias de su masculinidad, cómo si esta fuera puesta en duda por un culo más, un culo menos. Yo, a pesar de todo, me acosté convencido de que esa noche más de uno de ellos se habrá masturbado recordando ese trayecto.



*pensé casi dos minutos qué palabra usar. Inclusive, en el despliegue espontáneo de la prosa puse "virtuosa musculatura", pensando completar la descripción definida con un adjetivo femenino o, en su defecto, sacar "musculatura" y poner un sustantivo del mismo género. Me tomé el trabajo de buscar en un diccionario sinónimos de "cola" y "culo". Sin embargo, ante la deplorable lista [que en el caso de culo, incluye trasero, pandero, pompis, posaderas, nalgas, cachas, ano, ojete y en el de cola, otras tantas] me vi forzado a dejar la forma más vulgar de llamarlo/a, a correr el riesgo de convertirlo en un relato de español neutro, en subtítulo de película mal traducida, discurso de practicante de sexo virtual en madrugada o episodio de "Mi pequeña Lulú" (pompis?).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

me gustó tanto la nota al pie...

me gustó el culo...

me gustó el giro...

adorable la señorita, por generosa y traviesa.
no puedo evitar la complicidad y me la imagino recibiendo los insultos, sonriendo complacida al ver que a los muchachos todavía no se les bajaba.

Anónimo dijo...

Anoche volviamos de dar una vuelta por plaza serrano cuando unos travestis nos interpelaron al son de: "tetas, tetas, tetas, tetas, tetas".
Nos reímos mucho, seguimos caminando. Al rato vemos a un grupo de adolescentes que siguiendo a una piba que venía vestida de tal modo que pensabamos que era otro travesti. El asunto tenía todo el aspecto de terminar en una violación en grupo. Luego nos preguntamos qué pasaría cuando esa comitiva se topara con los travestis unas cuadras más abajo.

Ah, "culo" es mejor que cualquier sinonimo, aunque pande(i)ro suena gracioso; pero no te preocupes por tener un vocabulario "literario".